Árboles en los Andes para contrarrestar la crisis del clima y el agua en Perú, dice científica suiza

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Mathez-Stiefel entrevista a la agricultora Margarita Rubino, sus vacas exóticas detrás de ella en un paisaje dominado por eucaliptos, pero con prácticas agroforestales como setos de queñuales y árboles frutales.

Traducido por: Elizabeth Chávez Chávez

Los Andes del Perú solían ser hogar de una pobreza mordaz, pero hoy son mucho más prósperos. Sus habitantes indígenas se beneficiaron de la reforma agraria y los sucesivos gobiernos han invertido en carreteras, municipios e incluso campos deportivos. Sin embargo, hay mucho sobre qué preocuparse. El medio ambiente es profundamente frágil y su degradación amenaza el crecimiento económico.

La Dra. Sarah-Lan Mathez-Stiefel, del Centro Internacional de Investigación Agroforestal (ICRAF), está investigando los árboles de las montañas. Más de la mitad del agua de la cuenca amazónica proviene de los bosques andinos. Pero éstos están fragmentados, descuidados y son una fracción de lo que eran antes. En las fincas, los árboles exóticos han sustituido a los nativos.

En Ancash, Mathez-Stiefel, quien también es investigadora principal en el Centro para el Desarrollo y Ambiente de la Universidad de Berna (CDE), se reúne con expertos en cambio social y ambiental. “En Perú hemos hecho un buen trabajo en producción, pero no tanto en ambiente”, dice Pedro Estrada, quien dirige ALLPA, una ONG con sede en la ciudad de Huari.

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Mathez-Stiefel con Pedro Estrada de la ONG andina ALLPA. Foto por Cathy Watson / ICRAF

Mirando hacia un grupo de mujeres con sombreros tradicionales y polleras y a un cartel para una corrida de toros con matadores de Colombia, dice Estrada. “Es sorprendente ver a las mujeres indígenas comiendo en restaurantes, y sólo hace veinte años, nadie habría tenido diez soles para ver una pelea de toros. Hoy en día circula más dinero en la economía”.

Otros comentaristas informados también aprecian el progreso del Perú, pero se preocupan profundamente por su sostenibilidad. El Dr. David Ocaña, quien es director de Investigación en Ecosistemas de Montaña del Instituto Nacional de Investigaciones en Glaciares y Ecosistemas de Montaña del Perú, describe cómo “los glaciares de los Andes han retrocedido peligrosamente- 40% desde los años setenta”.

Ricardo Gómez, jefe de las 340.000 hectáreas del Parque Nacional Huascarán, está preocupado de que las 41 sub-cuencas del parque se pasan por alto, especialmente a la luz de la crisis de agua en Perú. “Tenemos que ver el parque como un banco que produce agua”.

Gómez tiene sólo 26 guardabosques. Sin embargo, el parque sostiene muchos de los glaciares de Perú y se encuentra en la cadena de montañas tropicales más alta del mundo, la Cordillera Blanca. Los ríos que comienzan en el parque fluyen hacia la Amazonía, así como hacia la costa árida y caliente del Pacífico del Perú, donde grandes fincas confían en sus aguas para producir las exportaciones que han ayudado a hacer de Perú un país de ingresos medios. El ingreso por persona es ahora $ 12,000 al año.

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Pistas muy degradadas en la región de Ancash en Perú. La vegetación está dominada por especies de eucaliptos. Foto por Cathy Watson / ICRAF

El crecimiento de los empleos en otras partes del Perú explica parcialmente la amenaza. “Cuando el parque fue creado en 1975, el gobierno dio derechos a las personas que lo usaban”, dice Gómez. “Pero estas personas estaban destinadas a abandonar el lugar periódicamente para que se recuperara. Esto finalizó hace 10-15 años. La minería dinamizó la economía, sacando a los hombres de la ganadería. El ganado ahora sólo vaga, compactando el suelo y deteniendo la regeneración”.

El Dr. Ocaña, experto en glaciares, dice: “En los últimos 20 años, hubo un abandono de la agricultura hacia la minería, las ciudades medias y la costa. En la agricultura, tú puedes ganar entre 10 y 12 soles al día, pero en la minería entre 40 y 70. ¿Qué tipo de reforestación podemos hacer? Hubo plantaciones con especies exóticas, pero necesitamos pensar en cómo hacer que ellos entreguen más servicios ecosistémicos y mejoren la infiltración de agua”.

Mathez-Stiefel ha documentado los cambios en los pueblos de las zonas altas. Uno era una gran hacienda hace 40 años con ganado argentino. Hasta la reforma agraria en los años setenta, sus habitantes quechua hablantes eran siervos que entregaban animales como diezmo al terrateniente. El transporte era por mulas, las casas eran de paja y la educación se llevaba a cabo en una iglesia en lugar de una escuela.

Desde entonces, como en la mayor parte del Perú, donde el 40% de la población ha salido de la pobreza desde el año 2000, muchas cosas han mejorado. El pueblo ahora pertenece a la comunidad y tiene casas de cemento, agua potable, un centro de salud, un jardín de infancia, colegio de primaria y secundaria y electricidad. A nivel nacional, el 91,4% de las viviendas en el Perú tienen electricidad, el 74,2% en zonas rurales.

“Algunas personas dicen que la reforma agraria fue apresurada y han habido intentos de revertirla”, dice Estrada, de ALLPA, cuyas 40 hectáreas que pertenecían a su abuelo fueron entregadas a sus trabajadores en la reforma. “Pero la gente está mucho mejor debido a eso. El sistema era injusto. Hay todavía comunidades en la selva que están compuestas por personas que huyeron del status de peón en los Andes”.

Sin embargo, Mathez-Stiefel ha encontrado un cambio menos positivo: climas más extremos y enfermedades de los cultivos, menos bosques y cobertura de árboles nativos, virtual desaparición de llamas y otros camélidos y despoblación, especialmente la huida de hombres.

Teófilo Altamirano, antropólogo de la Universidad Católica del Perú denomina a la migración interna “la principal fuerza transformadora de los últimos 60 años” en los Andes. Hoy sólo el 30% de peruanos vive en las montañas, la mitad de la cifra anterior. Otras investigaciones de ICRAF han descubierto que alrededor del 15% de las personas en la Amazonía son quechua hablantes, una señal del número de gente andina que  han abandonado las zonas altas.

Mathez-Stiefel cree que los árboles pueden responder a los desafíos interconectados del clima, el agua, la energía, la alimentación y los medios de vida. “Los Andes están dominados por eucaliptos, pero también hay una gran variedad de prácticas agroforestales tradicionales con especies nativas. Uno de los más emocionantes es el queñual, un árbol que vive donde nada más vive – hasta 15.000 pies”.

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Los árboles de alisos de fijación de nitrógeno alinean un campo de avena en un sistema agroforestal andino tradicional. Foto por Cathy Watson/ICRAF

“Los Queñuales (Polylepsis spp.) son especialmente adecuados para almacenar agua en las cuencas superiores”, dice la literatura en el Parque Nacional Huascarán. “Las hojas y la corteza absorben agua, creando así zonas muy húmedas en las cuales hay desarrollo de musgos, líquenes y hongos. El agua absorbida es depositada bajo tierra y alimenta los estanques de la región. Las raíces evitan la erosión y los deslizamientos de tierra hacia áreas bajas”.

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Rubino en su sala de quesos. Foto por Cathy Watson/ICRAF

Cada vez más conscientes sobre su importancia, el gobierno ha comenzado a restaurar queñuales. Margarita Rubina, agricultora de 42 años, lo aprueba. “Es un seto robusto y protege la casa del viento y sus ramas son buenas para usar como leña”, dice. Vestida tradicionalmente, en muchos aspectos, ella representa a los nuevos Andes. Los cuyes corren alrededor de sus pies en su piso de tierra. Pero sus hijos estudian en las escuelas de la ciudad. Y si Rubino una vez tuvo un rebaño de criollos, descendientes del ganado pequeño y robusto traído por los españoles hace 500 años atrás, ella ahora tiene cuatro vacas exóticas y vende queso. Mathez-Stiefel y Estrada discuten si plantar árboles forrajeros ricos en proteínas podría aumentar su producción de leche.

“El mundo rural no es visto como una oportunidad para la vida”, dice el veterinario, cuya familia ha radicado en los Andes durante 300 años. “Necesitamos mejorar la identidad rural. Los jóvenes no quieren repetir la vida de sus padres. Pero una vida digna y confortable es posible aquí. La agroforestería es muy interesante”.

Mathez-Stiefel tiene trabajo por delante, pero, claramente, ha encontrado aliados.

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Para más información acerca del Programa de ICRAF en los Andes, por favor contacte a Sarah- Lan Mathez en: s.mathez@cgiar.org

Acceda al artículo original en inglés aquí

También lea:

FTA ha apoyado a la investigación postdoctoral de la Dr. Mathez-Stiefel y ella usó métodos y enfoques del “flagship” FTA Livelihood Systems. Para más información acerca de la metodología que aplicó y desarrolló, lea su artículo: Identifying Gender-Sensitive Agroforestry Options: Methodological Considerations From the Field

Su investigación en los pueblos andinos fue una colaboración entre el ICRAF y el Programa Bosques Andinos, financiado por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).

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LOGOS CRPS mayo 2012ICRAF, el Centro Internacional de Investigación Agroforestal (ICRAF) es uno de los 15 miembros del CGIAR, una alianza global para un futuro seguro de los alimentos. Quisiéramos agradecer a todos los donantes que apoyan la investigación en desarrollo a través de sus contribuciones al Fondo del CGIAR.

 

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